Las minas de los Páramos del Pasto (parte 1)

La vida transcurre pacíficamente en Robleda y no por ello no dejan de haber aventuras con las que afilar la espada o pasar la noche a recaudo de una buena hoguera.

Esta vez, el burgomaestre ha elegido a Erduin, paladín de la casa de la mañana, para que elija 2 acompañantes para verificar que Las Minas de los Páramos del Pasto no hayan sido ocupadas por ninguna criatura infesta.

Tras una rápida selección, el paladín escoge a dos apuestas mujeres, Izibanz y  a Adaly.

Izibanz es una joven clérigo de cabello oscuro y hábil en el oficio de la carpintería. Proviene de Cascamir y lleva poco tiempo en Robleda, aunque sus deseos son los de establecer su vida aquí. Valiente y tenaz se muestra ante el burgomaestre para emprender esta misión.

Adaly tiene una edad similar a la de Izibanz y es una audaz hechicera con muchas ganas de poner en juego sus dotes mágicos. Vive en Robleda desde hace algún tiempo y conoce parte del territorio de La Marca del Este. Se muestra con iniciativa y coraje para ser elegida por Erduin. (No sabe nada este Erduin! xD)

A la mañana siguiente, tras cargar sus petates, partieron nuestros 3 aventureros acompañados por el fiel burro de Izibanz (todavía si nombre), hacia las lejanas minas abandonadas. Tal y como se os recomendó, decidís obviar la ruta del Camino del Comercio y marchar campo través, por entre los Páramos del Pasto. El tiempo es estable y luce un brillante sol, apenas incordiado por alguna nube. Docenas de veredas y cañadas ven pasar a su paso y en ocasiones se tropiezan  con rebaños comunales del Consejo, guardados por varios pastores. Entre riscos y enfiladas, de tanto en tanto se adivina la silueta de los Guardias de Vecería recortadas contra el azul del cielo, siempre vigilantes y atentos a cualquier peligro que pudiese amenazar a la ganadería.

Tras una agradable jornada de travesía, el terreno se vuelve más áspero y salvaje, según los caminos se difuminan en la tierra hasta desaparecer. El sol comienza a caer rápidamente a vuestra espalda, la noche se aproxima. Un lobo aúlla en la lejanía, luego otro… y un tercero más allá.

Una leve brisa fresca se levanta desde el norte, trayendo hacia vosotros un fragante aroma a espliego y trigo. La luna comienza a levantarse. Próxima a vosotros, entre unas rocas que forman una especie de refugio recogido del viento, una pequeña cueva se os antoja como un buen lugar para descansar y montar vuestro campamento para la noche que se os echa encima.

Tal y como estáis acostumbrados, disponéis turnos de guardia para pasar la noche. La luna brilla en un cielo raso cuajado de estrellas.

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3 pensamientos en “Las minas de los Páramos del Pasto (parte 1)

  1. Ese master mazmorrano!!! Como mola el blog, estare atento a las actualizaciones y deseoso de seguir nuestro camino de aventureros por las peligrosas tierras de la Marca.
    Eso si, almenos voy bien acompañado 😉 jejeje

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